En nuestra consultoría tenemos como
colaboradores a varios pilotos pero, en concreto, hay uno que hace
las labores de coordinarnos a todos (ingenieros aeronáuticos,
agrónomos o industriales; arquitectos; topógrafos; etc.) cuando toca hacer un trabajo que afecta a más de una disciplina. Como perro
viejo que es ya sabe donde nos aprieta el zapato a cada uno y trata
de que no se produzcan fricciones, que las cosas fluyan.
A los que no somos pilotos, e incluso a
algún piloto de las nuevas generaciones, nos suele sorprender con
una cosa curiosa y aparentemente inútil que lleva siempre en un
piernógrafo lleno de fichas VAC y AD, cartas aeronáuticas y resto
de parafernalia de navegación: un cordelito.
Cuando se deja ver el cordelito, un
trozo de cordino de un paracaídas de unos 30 cm. para ser exactos,
siempre hay alguien que pregunta, ¿y éso?
La explicación siempre es la misma: es
una herramienta de navegación muy práctica y fácil de usar en la
estrecha cabina de un avión ligero.
El cordelito no es ni más ni menos que
una regla sin graduación, sin escalas y muy flexible. Y su lógica
se basa en las proyecciones cónicas conformes de Lambert, que son
las utilizadas en aviación por tener, entre otras propiedades, la de
que un minuto de arco máximo terrestre equivale a una milla náutica.
Así que cuando llega a la mesa donde
tenemos la carta desplegada desaparecen los escalímetros,
algún engendro electrónico para medir sobre el mapa y la típica
pregunta de “¿a qué escala dices que está esto?”. No importa la escala
mientras sea cónica conforme de Lambert y haya, cosa que siempre suele
haber, un meridiano en la carta.
Medir una ruta llena de curvas o un
perímetro nunca fue más fácil y rápido que poner el cordelito
sobre la trayectoria para luego estirarlo sobre un
meridiano para leer cuantas millas náuticas cubrió.
Es curioso como a veces el ACAD, los
SIG, GPSs, la estación total o cualquier herramienta moderna con
mucha mayor capacidad y potencia que un cordelito no da el apaño puntual de
esta herramienta que, en su día y junto a un cronómetro, una regla de cálculo, lápiz, papel y cartas, eran el hardware de todo
navegante.
Hoy la comodidad que da tirar de la instrumentación de abordo, la informática en la oficina, el GPS, el iPAD y sus mil aplicaciones y
otros engendros por el estilo, hacen que aparquemos las bases y necesitemos de un complejo software y hardware electrónico para hacer el trabajo de un sencillo y barato hardware, un cordelito, y su software libre, nuestro cerebro.
Por cierto, que nos dice el compañero que solo usa el cordelito, una carta de papel y un reloj
para navegar. Es un auténtico hereje en este mundo tecnológico.
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